Si no has podido dormir bien ni una sola noche desde que nació tu bebé, no eres el único. Está bien: lo de “mal de muchos...” no es consuelo alguno. Pero posiblemente ayude saber que, en general, no está pasando nada raro ni grave: a dormir también se aprende.

Por ejemplo, le pasa a Bautista, que tiene 66 días (así de preciso el dato): “fue un bebé tan buscado y tan deseado que, sí, llevo la cuenta sin notarlo -cuenta divertida Daniela Salas, mamá primeriza a los 41-. Soñamos mucho con él, y sin embargo, se nos movió toda la estantería: los horarios, los tiempos, los temores... La primera noche en el sanatorio los que no dormimos fuimos nosotros: estábamos todo el tiempo controlando si respiraba o no”. “Hoy, que además ya está activo y sonriente, si duerme tres horas seguidas ¡tocamos el cielo con las manos!”, añade. Pero, agrega, desde ya va incorporando “datos” que le indican a Bautista que es hora de dormir: silencio, apenas un poquito de luz...

Construcción de un ritmo

Desde antes de nacer los chicos tienen neuronas cerebrales que funcionan como “reloj biológico”, y que cuando pasen unos meses desde el nacimiento los ayudarán a construir su control del sueño. Y la palabra construir es clave: “el sueño es un hábito: se construye a través de la generación de un de un ritmo que no es innato”, explica Carolina Gouchea Ghio, doula y especialista ginecología natural, que suele acompañar a las mamás no sólo antes y durante el parto, sino también durante la crianza. Coincide con ella la psicóloga Miriam Bulos, directoria y fundadora de Maternitas, especialista en salud materno-infantil: “el sueño infantil es un proceso madurativo”.

Despejadas (esperamos) las primeras preocupaciones, algunos datos quizás aporten más tranquilidad: vas a poder ayudar a tu bebé a dormir toda la noche.

Evolución: primera etapa

“Antes de las seis semanas un bebé no pasa mucho más de 45 minutos despierto, pero se despierta muy seguido; los lapsos de sueño pueden durar entre una y tres horas”, explica Bulos, y Gouchea Ghio agrega: “cuando nos estrenamos como recién nacidos el ritmo circadiano no está instalado; se regula naturalmente (hay otras influencias) por los ciclos de oscuridad/luz, y de a poco empezamos de a poco a segregar serotonina, que es la hormona del sueño”.

“Un recién nacido sólo percibe hambre y cansancio; en este caso, se duerme”, destaca la doula, y añade: “tanto para el bebé como para sus padres, se abre todo un mundo que hay que descubrir”. Y sí, durante los primeros meses, la alimentación en medio de la noche seguramente interrumpirá el sueño.

“Por todos estos motivos -añade Bulos-, al menos los primeros 15 días son de adaptación. Y en esta primera etapa les recomiendo a las mamás recientes que traten de dormir en el momento en que lo hace el bebé”. “Para lo cual necesitará colaboración de su pareja o de alguien allegado que comparta las tareas con ella”, destaca Gouchea Ghio.

Turnarse para calmarlo.

Hábitos

Como todo lo que vamos construyendo, la salud de nuestro sueño depende de los hábitos familiares: “si los padres tiene problemas de insomnio, el bebé probablemente dormirá mal”, vaticina Gouchea Ghio y agrega: “las pautas culturales (cuestiones y horarios de trabajo, de comidas, de reuniones) muchas veces se enfrentan a las necesidades biológicas del bebé”. Por ese motivo, destaca es muy importante ver en qué estado anímico estoy cuando voy a acompañar al bebé a dormir.

“Los bebés son como una tabla rasa, lo perciben todo”, advierte por su parte Bulos.

Benjamín, cuenta su mamá, Mariana Súcar, tiene poco más de 45 días. La familia la constituyen los dos solos. Ella se había separado pero no quería renunciar al sueño de ser madre, así que se decidió por un tratamiento de fertilización. Está muy feliz, pero no tiene con quién compartir las responsabilidades de cada día, y trabaja en forma independiente, así que tampoco hay demasiadas posibilidades de licencia. Se le dificultó la lactancia, pero el gordito está enorme, saludable y hermoso. Reconoce, sin embargo, que hay momentos en los que siente una cruza de culpa y decepción...

RUTINA. Conviene que duerma siempre en el mismo ambiente.

“Hay que tener cuidado con las autoexigencias -resalta Bulos-: La sobreexigencia es el mayor conflicto del posparto”.

Cercanía

“Hay una cuestión bien de mamíferos -explica Gouchea Ghio-. Las crías humanas, por razones anatómicas, nacen unos nueve meses antes de ‘estar listas’. Su cerebro más primitivo es el que está funcionando; y en ese contexto el olfato, el oído y el tacto son fundamentales para su relación con el mundo”. Por eso, destaca, es muy importante la cercanía con la madre: “el bebé es puro órgano sensóreo; el contacto con el cuerpo materno lo ayuda a regular el calor, el ritmo cardíaco...”, explica.

“Lo ideal es que el bebé duerma en la habitación con su madre durante al menos seis meses y, si es posible, hasta un año”, resaltan expertos de la Mayo Clinic, entidad médica sin ánimo de lucro dedicada a la práctica clínica, la educación y la investigación. Pero destacan que no conviene que compartan la cama de sus padres, sino “en una cuna, un moisés u otra estructura diseñada para el sueño infantil”. Y en ese sentido, tanto Bulos como Gouchea Ghio afirman que la mejor opción son las “cunas de colecho”. Son cunas convencionales pero chiquitas, uno de cuyos lados se desliza hacia abajo y permite acoplarla a la cama de los padres. Así pueden dormir juntos, pero cada uno en su espacio, garantizando la seguridad del bebé y, al mismo tiempo, la cercanía y la posibilidad de contacto piel a piel con sólo estirar la mano.

Cómo ayudarlo a relajarse

- El agua tibia en sí misma será positiva, y si la asocia a la previa de ir a acostarse ayudará a crear la señal de “momento de dormir”. Lo ideal es que sea siempre a la misma hora.

- Mantener (incluso ya durante el baño) luces tenues.

- Alimentarlo en un ambiente tranquilo y aprovechar ese tiempo para el contacto piel a piel.

- Ir creando un ritual (una narración breve, una oración, unas palabras cariñosa) que anticipen que es hora de dormir.

- Si durante el embarazo le hicieron escuchar música, revivir esa experiencia y asociarla al descanso también ayudará. Si no, puede ser buen momento para empezar. No en vano la humanidad lleva siglos cantando canciones de cuna.

- Que duerma siempre en el mismo ambiente (al menos en las noches), también generará el reflejo en relación con el espacio.